Otros ámbitos para la dirección de escena

Desde hace ya bastantes años, a finales de septiembre, la Asociación de Directoras/es de Escena de España (ADE) realiza unos encuentros-seminarios en el Pazo de Mariñán (Galicia) donde se tratan asuntos -profesionales, laborales y/o artísticos- que nos afectan o competen en el ejercicio diario de nuestro oficio. Comparto con ustedes la ponencia que expuse el pasado septiembre de 2024 y que acaba de publicarse en papel (junto a las de otras compañeras y compañeros) en la revista ADE Teatro nº 199.

Aitana Galán, Madrid /Mariñán/ Madrid, septiembre-noviembre 2024

Me sorprendí bastante cuando Manuel Vieites y Carlos Rodríguez me propusieron realizar esta ponencia. En primer lugar, porque las circunstancias que rodean a nuestra profesión y las dificultades con las que nos encontramos en España para ejercer – de una manera más o menos digna- nuestro oficio, me han convertido en una directora de escena un tanto suspicaz, con tendencia a tomarme con cautela las propuestas de trabajo cercanas o ‘paralelas’ a lo que entendemos por una dirección de escena convencional (un teatro, una obra o texto, unos actores, etc.). Es cierto que, como otros tantos compañeros, desarrollo mi trabajo también en otros ámbitos, como la escritura, la producción, la docencia, coordinaciones… pero no soy, ni mucho menos, especialista ni experta en este tema, por lo que voy a abordarlo desde un punto de vista bastante abierto, señalando las cuestiones que me resultan más atractivas y que considero de más utilidad para directoras y directores jóvenes o para cualquiera que valore dedicarse a nuestro trabajo desde una perspectiva profesional.

La pregunta que parece ser el quid de la cuestión es “¿De qué vive una directora, un director de escena?”. La respuesta debería ser sencilla: “De su trabajo realizando puestas en escenas”. La realidad es que o no siempre se puede vivir sólo de las puestas en escena, o no siempre se quiere vivir sólo realizando puestas en escena, por lo que este trabajo se suele alternar con otros.

Sea por necesidad económica o por necesidad artística, lo común es que los profesionales de las artes escénicas se desempeñen en oficios diversos dentro de su ámbito y quizá la figura del director sea una de las que más tiende a desarrollar múltiples facetas profesionales.

Foto de grupo, revista ADE Teatro, nº 199

La docencia, por ejemplo, suele ser practicada por muchos directores, ya sea en una institución pública o en una escuela privada (ajena o propia). Las diferencias de los tres caminos son obvias porque cada uno exige una asunción de responsabilidades distintas. Económicamente es evidente que la institución pública, con la posibilidad de pasar a ser funcionario y/o hacer carrera académica, podría ser la opción soñada por numerosos estudiantes y profesionales del sector. Pero deberíamos hacer un alto y considerar que ejercer la docencia responde, en muchos casos, a la necesidad artística de encontrar formas nuevas de expresión que no se dan en el mal llamado ‘mercado teatral’: un tipo de interpretación distinta, una relación distinta con el público, o una tecnología que aún no existe pero que, intuimos, puede llegar a existir. Quiero decir que un director es un creador de mundos, un diseñador de modelos de seres humanos, un generador de estilos… y es probable que, en muchos casos, necesite ser también el creador de su forma de afrontar la enseñanza y la investigación teatral. No es disparatado, en ese caso, apostar por un modelo de enseñanza independiente de lo público y acorde con un estilo propio.

En los tiempos que corren – y esto es, como todo, una percepción personal – es fácil encontrarse con propuestas teatrales muy parecidas entre sí, sujetas a un mismo canon y acordes a las exigencias del ‘mercado’. Podríamos llegar a pensar que hemos llegado a un modelo de formación ‘solvente’ en el que los actores y los creadores escénicos pueden saltar fácilmente de una producción a otra, de un director a otro, y adaptarse con profesionalidad a distintos estilos. Esto estaría muy bien y no tendríamos por qué decir nada si no fuera porque lo que se está uniformando, precisamente, es el estilo. Para los espectadores, como yo, a los que nos gusta que nos sorprendan, es una catástrofe. Y no ocurre solamente con el teatro. La literatura actual, el cine, resultan, en general, irritantemente uniformes.

Conformarse con lo que hay no tiene nada de malo si hemos decidido que, como decía Fukuyama, este será el fin de la Historia. Y sí, será el fin de la Historia si asumimos como mantra ese “esto-es-lo-que-hay” y desde el arte no proponemos formalidades distintas. Por eso me parece que la indagación, una investigación seria sobre cualquiera de los distintos elementos expresivos que configuran nuestra profesión, es un territorio de trabajo esencial que se está desperdiciando. En una escuela institucional es difícil (no digo imposible) salirse del diseño que viene programado desde arriba, por lo que crear un espacio propio donde desarrollar tu profesión como docente no es ninguna tontería. La cuestión, en el campo de la investigación práctica, es si vamos a conseguir financiación para sostener durante meses un trabajo que permita desarrollar formas de interpretación, de expresión, de comunicación distintas a las que ya se manejan. Probablemente, no. Y comparto la reflexión que hacía Raquel Toledo en su ponencia: probablemente en España sólo podamos llevarlo a cabo de manera “aficionada” (o no remunerada). No suena muy alentador, pero es una situación que ya enfrentaron grandes directores en sus inicios -Brecht, Stanislavski, Strehler…- y que, en España, lamentablemante, no se reduce sólo a nuestro ámbito sino que se extiende en todo el sector artístico y cultural.

Otra actividad cercana a la nuestra y que muchos ejercemos es la producción que, en algunos casos, como señalaba Cristina Yáñez, convierte al director en director-empresario (con el sinfín de contradicciones que implica esta dualidad).

Merece la pena citar también las coordinaciones artísticas o de producción (o cualquier coordinación en el ámbito del espectáculo). Son profesiones que podemos reclamar como nuestras, ya que además de la habilidad para trabajar con equipos y el conocimiento de las necesidades técnicas y de producción, nosotros aportamos conocimiento y experiencia en el trabajo artístico, un asunto que no manejan demasiado bien la mayoría de los profesionales formados sólo en ‘gestión’. Dado que parece haber una “guerra” abierta entre los gestores «puros» y los “artísticos”, afilemos las armas y no perdamos ni un ápice de lo que son nuestros territorios naturales de trabajo: el pan es sagrado.

Antes de terminar este bloque quisiera señalar el trabajo de ayudante de dirección como uno de los más cercanos a la dirección de escena y, en mi opinión, el puente natural de los directores jóvenes para afrontar el paso a la dirección de puestas en escena complejas. En países como Inglaterra o Estados Unidos la ayudantía de dirección se considera una profesión por sí misma y no implica, necesariamente, que el ayudante pase a ser director: es un oficio complejo que requiere de características muy precisas y que goza del respeto que merece (cuestión que en España no parece estar tan clara). Actualmente, con la proliferación de espectáculos musicales que tenemos en la cartelera, se ha ampliado la oferta de coordinaciones y/o ayudantías, por lo que es un área laboral más interesante hoy que hace unos años.

Por otra parte, un director conocedor del mundo de la interpretación o con habilidad para la dirección de actores, puede ejercer como entrenador de actores, o ‘coach’, e incluso como director de casting, alternativas también interesantes dado el número de plataformas digitales que se han instalado en el país poniendo en marcha diversos proyectos audiovisuales.

La dirección artística de los teatros públicos y privados y de otros espacios culturales es también propia de los directores de escena. Digamos que la dirección de un teatro, con su consiguiente diseño de programación, elección de repertorio, etc., supone el culmen de la carrera artística de un director de escena, porque puede, de manera continuada, desarrollar una relación estrecha con el pulso del espectador y establecer un diálogo social en el que la incidencia de su propuesta sea mayor. Si nos atenemos a la Historia del Teatro resulta difícil no relacionar a los directores con los teatros que dirigían: El Teatro del Arte (Stanislavki), el Berliner Ensemble (Brecht), Le Vieux Colombier ( Coupeau, Jouvet, Dullin, ¡hasta Brook!) La Cartucherie (Arianne Mouschkine)… Que en España se plantee, como se ha estado haciendo, sustituir a un director artístico por un ‘gestor’ nos habla de la desconexión absoluta de nuestras autoridades con nuestro trabajo y de la necesidad de que, por nuestra parte, reivindiquemos la cualidad y la calidad que exige nuestra profesión.

Es probable que un director de escena alterne su trabajo con el de diseñador escénico del ámbito en el que esté más formado: puede ser también actor, dramaturgo o escritor, iluminador, diseñador de sonido, escenógrafo… o varias cosas a la vez. Voy a poner como ejemplo a Lepage, porque es multifacético: actor, especialista en escenotecnia, profesor, director de un teatro, director de ópera, de cine, de circo, de conciertos de rock, de instalaciones lumínicas… Querría recordar, precisamente, la iluminación que realizó para conmemorar el 400ª de la ciudad de Quebec en 2008: The Image Mill, porque es a este tipo de acontecimientos (o ‘eventos’, en la neolengua) a los que voy a referirme a partir de ahora, ya que suponen ámbitos de trabajo en los que la dirección de escena juega un papel fundamental, y quizá este asunto está poco explotado en España.

Si uno de los grandes del panorama teatral internacional se desenvuelve como pez en el agua realizando puestas en escena en los ambientes más variopintos, no está de más que dediquemos unos minutos a indagar qué eventos podemos encontrarnos en el país (o fuera de él) donde podamos desarrollar nuestro trabajo. Carmen Labella, en su ponencia, ya ha destacado la importancia que ha tenido que las Ceremonias de Apertura y Cierre de los Juegos Olímpicos 2024 (un gran evento, sin duda, a nivel internacional) hayan sido dirigidas por un director de teatro francés, Thomas Jolly. Algo que nos beneficia porque ha puesto a nuestro oficio en el firmamento de las “profesiones estrella” (más allá del resultado y las polémicas que su propuesta desatara en diversos sectores).

Foto de revista ADE Teatro, nº 199. The Image Mill, de Lepage.

Afortunadamente no necesitamos unos Juegos Olímpicos para entrenarnos como directores de ‘acontecimientos especiales’ : vivimos en la sociedad del espectáculo y cualquier acción o actuación pública hoy se considera un ‘evento’.

¿Qué pasaría si para las ‘famosas’ iluminaciones de Navidad, Ayuntamientos como el de Madrid o Vigo contratasen a un director de escena que hiciese de ese hito (ese ‘encendido’, como anuncian) algo verdaderamente especial? Proponedlo: que no lo hagan otros, ¡reivindiquemos con naturalidad la necesidad de un director que cree la narrativa escénica apropiada que convierta en una experiencia inolvidable ese momento!

Las iluminaciones de las ciudades, la celebración de los 400 años del Teatro Español (¿por qué no se hizo nada en la Plaza de Santa Ana, para hacer partícipe al pueblo (y turistas) de Madrid de tan señalada fecha?), las Cabalgatas de Reyes… cualquier efeméride o acto que el poder desee publicitar y dar a conocer a la opinión pública son acontecimientos importantes que necesitan de una dirección de escena cuidada y, por tanto, ámbitos donde desarrollar nuestro trabajo.

Y, siguiendo esta línea, no nos conformemos sólo con el territorio institucional: el mundo de la empresa dispara cada día más su número de presentaciones, celebraciones o fiestas. Galas Homenaje, Entregas de Premios… Alguien tiene que mirar, proponer y tomar decisiones: y si no lo hace un director de escena, otros asumirán ese puesto.

Fijemos nuestra atención en el turismo: ¿no os parece que hay visitas guiadas hasta para cruzar un semáforo? Pues sí, las hay: en toda ciudad, en todo pueblo, en todo rincón del país. Visitas guiadas, visitas teatralizadas… que alguien dirige o debería dirigir. Entro aquí, lo sé, en un terreno tortuoso, cercano a la tan mal afamada “animación” y es tortuoso porque se suele hacer en condiciones muy precarias. El mal de España, de sus administraciones, ayuntamientos o comunidades es que quiere tener de todo y no pagar por nada y el otro mal es que o se pasa tanta hambre que se acepta ‘lo que sea’ o se quiere figurar y se hace gratis ‘lo que sea’. Y ese “lo que sea” es lo que vemos con mucha frecuencia, con honrosísimas excepciones de sobrada calidad.

La gran dificultad del ‘teatro de calle’ y de la ‘animación’ es que necesita de elementos visuales y sonoros distintos a los del teatro cerrado y, en general, no ha habido un apoyo continuado por parte de las administraciones a las iniciativas que han intentado desarrollar tanto colectivos populares como colectivos profesionales. Aún así, podemos citar a algunas compañías y tomarlas como referente, como Morboria, en Madrid, que además de sus espectáculos de teatro llevan a cabo animaciones cercanas a las que me refiero con un nivel plástico y estético notable y muy personal… O Els Comediants, La Cubana, e incluso La Fura dels Baus, que proviene del teatro de calle y se dio a conocer por las pequeñas acciones o ‘performances’ que hacían al aire libre.

Me gustaría señalar en relación con el turismo, que las formas de dar a conocer a los visitantes nuestras ciudades, nuestra cultura o nuestra historia, no tienen por qué reducirse sólo a las visitas teatralizadas. No sé si recordáis un vídeo – que se hizo viral hace unos años- de una compañía italiana que realizaba en una iglesia unos “cuadros vivientes” que reproducían las pinturas de Caravaggio (Compagnia Teatrale “Ludovica Rambelli Teatro”). Si duda el trabajo era magnífico y cumplía a la perfección con los objetivos“turísticos” (evidentemente, contaba con financiación). Los cito porque, conociendo nuestro país, muchas de las propuestas que se realizan parten de nosotros y pensar, idear, inventar o reinventar posibles formas o formatos es intrínseco a nuestro oficio.

Foto de revista ADE Teatro, nº 199. Noche de las Ánimas. Soria.

El turismo ha hecho que proliferen también en el país celebraciones “tradicionales” (muchas son “tradicionales” desde hace pocos años) que implican a los habitantes de toda una ciudad o un pueblo. Más allá de las conocidas representaciones de “Fuenteovejuna” o “Peribáñez” en sus respectivos pueblos, del “Auto de los Reyes Magos” en Cañada, o los belenes vivientes que se realizan por toda la geografía nacional (Santillana del Mar, Arcos de la Frontera, Buitrago de Lozoya, etc.. ) me gustaría invitaros a ver, si no la conocéis, la celebración de la Noche de las Ánimas en Soria ( no era necesario importar Halloween porque ya lo teníamos) que se basa en un relato de Bécquer (El Monte de las Ánimas) y que implica a toda la ciudad. Es una tradición relativamente nueva donde los ciudadanos se visten de monjes y caballeros templarios, se desfila por la ciudad y luego se lee el cuento de Bécquer. Me llaman la atención los muñecos gigantes que representan las Ánimas, que están verdaderamente bien hechos (lo que significa que hay alguien detrás “que sabe”) y recuerdan un poco al tipo de muñecos que diseñaba la compañía americana Bread & Puppet Theater allá por los años 70.

Foto del Portal de Turismo, Ayuntamiento de Soria.

Este tipo de celebraciones populares que implican a toda una ciudad o a gran parte de ella necesitan, evidentemente, de una directora o director. Sé la complejidad que puede suponer trabajar en ámbitos donde lo popular y lo aficionado (en el mejor sentido del término) se combinan con lo profesional. Generalmente no se admite una intervención externa y, si se invita a un director, las fricciones suelen ser habituales. Sin embargo sería deseable que las relaciones entre aficionados y profesionales se suavizasen y que pudiésemos retroalimentarnos entre nosotros: lo popular es intrínseco a nuestro trabajo, así como lo son nuestras ciudades y nuestros pueblos. Ahí hay también espacios de trabajo que no se reducen sólo al evento o celebración: se puede dirigir a una compañía aficionada adulta o juvenil, a una de teatro universitario, etc., etc.

Cerremos el apartado del turismo con las fiestas de Ibiza y sus discotecas como otro ámbito importante de trabajo. En Ibiza, en los meses de verano, se concentra el mayor número de animaciones, actuaciones, instalaciones lumínicas, público internacional… y, además, se mueve mucho dinero. No es una broma: en Ibiza podemos ver eventos donde se maneja tecnología punta en iluminación, proyección y diseño sonoro. Ahora bien, ¿estas actuaciones las dirigen directores de escena, propiamente dichos? Es más, ¿las dirigen directores de escena españoles? Frecuentemente, no. Gran parte son importadas, pero esto no significa que no podamos proponer o indagar cómo abrir ese ‘mercado’ de trabajo a nuestros propios intereses. No olvidemos que Ibiza y lo que se hace en Ibiza puede tener una proyección internacional verdaderamente importante y que si algo somos en este país es imaginativos: no está de más disparar por ahí.

Os recuerdo, además, que en este tipo de actos sí trabajan iluminadores, escenógrafos, diseñadores de sonido… en definitiva, nuestros equipos creativos: ¿vamos a dejar que sólo dirijan ellos?

He dejado para el final, siguiendo el hilo del dinero, los dos mundos con mayor incidencia social y donde la dirección de escena se manifiesta de forma rotunda: el mundo de la música (el rock y el pop-rock, en concreto) y el mundo de la moda.

El concepto de ‘concierto de rock’ cambia radicalmente a partir de los años -70 gracias al arquitecto Mark Fisher y a su colaboración con Roger Waters en el diseño de la gira de Pink Floyd de The Wall , que culmina en 1980 con The Wall Tour, donde, dada la complejidad escenotécnica (se construye y destruye un muro durante el concierto) y la narrativa del espectáculo (en el que se incluyen los personajes de Teacher, The Wife y The Mother a través de marionetas hinchables) los límites entre lo que se entendía por un concierto de rock y un musical de Broadway parecen difuminarse. El espectáculo fue un gran éxito, aunque acarreó pérdidas económicas para la banda dado el coste de su producción. Pero como el mundo de la música era, en esos años, un enorme generador de dinero, no volvió a concebirse un concierto de rock sin el aparato escénico que había promovido Fisher: diseño de los escenarios, escenografías, aparataje lumínico, posición de los músicos, narrativa escénica… un sentido ‘espectacular’ de la música y un diseño pormenorizado de cada elemento y de su desplazamiento en la gira. (No está de más recordar a nuestro compañero, el arquitecto y escenógrafo Javier Navarro de Zuvillaga y su proyecto de “Teatro portátil” que entronca totalmente con la filosofía de la “arquitectura efímera” que está en la base del trabajo de Fisher.)

Mark Fisher ha diseñado espectáculos, además de para Roger Waters, para los Rolling Stones, U2, Madonna, Lady Gaga… y desde su aparición la colaboración entre músicos, arquitectos, escenógrafos e iluminadores es algo habitual. La primera gira de éxito de Rosalía, por ejemplo (El mal querer), la dirigió la arquitecta y artista multidisciplinar mallorquina Marta Armengol, amiga y colaboradora de la cantante.

¿Y dónde están aquí los directores de escena? Porque los hay, sin duda… ya os he citado a Lepage.

Me gustaría que le echáseis un vistazo a uno de los conciertos de Madonna, MDNA Tour (2012), también diseñado por Fisher, porque se puede leer como una obra de teatro ‘al uso’ en cuatro actos. Madonna recorre las distintas fases de su carrera y los cambios que ha ido proyectando su imagen como artista y como mujer: de una Madonna salvaje, a otra más sofisticada, a la Madonna casi beatífica… El espectáculo es fantástico; su interpretación, gloriosa (Madonna decía que ella hacía teatro en sus directos) y el aparato escénico y escenográfico, absolutamente espectacular. Y sí, claro, tiene a un director detrás, con su consiguiente equipo: Michel Laprisse, director de teatro canadiense que actualmente forma parte del equipo de dirección creativa del Circo del Sol.

Pero no sólo podemos plantearnos incursionar en grandes – y carísimos – espectáculos musicales. Os propongo analizar también otro tipo de propuestas como las que hace la banda formada por la compositora, cantante y pianista Amanda Palmer y el batería y guitarrista Brian Viglione: The Dresden Dolls. En ellos el referente literario es muy importante (hacen cabaret punk) y su inspiración, muy brechtiana. The Dresden Dolls juega con el teatro y la puesta en escena desde el minuto uno: ambos son dos clowns, de estética gótico-punk-encantador, y con un fuerte espíritu crítico y juguetón. En sus conciertos suelen utilizar elementos vinculados al teatro y al cabaret como son los telones, sin renunciar a otros propios del rock y, sin duda, su propuesta se apoya tanto en su estilo musical como en los personajes que proyectan. En este caso son ellos los que han creado su particularísimo sello, y no es de extrañar, porque Amanda Palmer, además de música y piano, estudió Arte Dramático e Interpretación.

Las dos líneas (una más comercial, a lo grande, y la otra, aparentemente más íntima, ‘de autor’) son territorios a explorar para nosotros porque me parece que en España son pocas las incursiones de los directores de escena en el mundo del rock.

Foto revista ADE Teatro, nº 199. MDNA Tour y Amanda Palmer, con The Dresden Dolls

Y, sin alejarme ahora del teatro, las referencias al cabaret me llevan a preguntarme qué ha pasado en estos últimos años con el café-teatro, por ejemplo, o con lo que se consideran ‘géneros menores’, ‘teatro pequeño’… porque parece que se ha eliminado del ‘mercado’ ¿Como no hay ‘ayudas europeas’ específicas para sostenerlo se los ha enviado a la basura de la Historia?… Quizá estamos prestando poca atención a determinados espacios de trabajo porque no están, aparentemente, “de moda” y dedicamos demasiado tiempo a realizar dossieres con propuestas que sólo se diferencian unas de otras por el título…. Ahí lo dejo.

Antes de terminar me gustaría que lanzásemos una pequeña ojeada al mundo de la moda, tan influyente y tan importante, desde el punto de vista económico. Un desfile de moda, hoy, supone una puesta en escena absoluta (elección del espacio, combinación de elementos escénicos, etc.) con la característica especial de que construye una imagen muy determinada de la figura de un ser humano. Hoy, creo que más que nunca, las pasarelas se han convertido en las grandes creadoras de personajes característicos que no vemos, ni por asomo, en el espacio teatral y esto es una cuestión que nos compete totalmente: no hay más que echar un vistazo a los desfiles de este último año, donde, curiosamente, la diversidad y pluralidad de las figuras parece indicar que el concepto de “moda” como algo homogéneo ha quedado obsoleto.

Centrándonos en la propia puesta en escena y en los integrantes de los equipos artísticos, volvemos a encontrarnos con escenógrafos, arquitectos, iluminadores, productores y muy pocos nombres de directores. Y aquí hay un hueco interesante porque, a pesar de la espectacularidad de muchos desfiles, la narrativa escénica, la dramaturgia, podría explorarse y llevarse mucho más allá.

El diseñador Karl Lagerfeld , uno de los más brillantes en cuanto a su concepción escenográfica y espectacular, ya convirtió la pasarela de París en un supermercado en 2014, y, desde entonces, son habituales las transformaciones espaciales, la inclusión de instalaciones o elementos arquitectónicos apabullantes, el uso de otro tipo de espacios para desfilar (incluido el aire libre), la inclusión de músicos, cantantes y Djs y el estudio pormenorizado del movimiento de la figura humana y cómo caminar. Supongo que cada uno de estos aspectos os suena porque nosotros los manejamos a diario. En cualquier plataforma hay miles de vídeos a los que podéis echar un vistazo. Yo he seleccionado algunos que me parecen representativos e interesantes en cuanto a lo que se refiere a nuestro trabajo: las proyecciones realizadas con IA que propuso este año la firma Balenciaga, por ejemplo, creaban un experiencia espacial muy particular, o la propuesta plástica de Marni en el Metro de Milán, resulta también muy sugerente… pero me gustaría detenerme en la colección que presentó Dolce&Gabbana en Siracusa en 2022 porque es un show que contiene todos los elementos de una puesta en escena ‘al uso’: Realizada al aire libre, en la escalinata del Duomo y con su fachada como telón de fondo, el espectáculo se abre con una coreografía y un cuerpo de baile representando a personajes propios de Siracusa; el pueblo, la iglesia, las fuerzas vivas, e incluso una procesión de la Virgen, que es la que da paso al desfile. La colección es digna de un maestro del figurinismo porque parte (y no abandona nunca) de ese mundo siciliano, de sus colores, texturas, brocados , para llegar a crear vestuarios cercanos a la ciencia ficción de Lynch. El show es largo y evidencia que en la moda la dirección de escena es imprescindible.

Otro de los desfiles a los que merece la pena prestar atención es el de John Galliano para Maison Margiella (Artisanal Collection 2024) realizado bajo el Puente de Alejandro III, donde se propone un paseo por los bajos fondos de París. Dejando de lado la perversión que supone que el mundo de los más millonarios elija como tema el mundo del lumpen y de los más pobres, el trabajo de Galliano nos remite a los espacios de Genet, Cocteau, e incluso de Brecht, con una mirada muy estilizada. Todo es teatral: desde el tratamiento de la figura humana, de la silueta, hasta el uso de la máscara, el látex, los apósitos… Supongo, porque no lo sé, que habría bailarines entre los modelos, ya que el tratamiento del movimiento y del gesto va más allá de lo que es un desfile. Es impensable que no haya una directora o director de escena (aunque no se le nombre) realizando este trabajo.


Desconozco si en España los diseñadores de moda están o no trabajando con directores, pero si os interesa explorar ese espacio ya sabéis que todo consiste en ponerse manos a la obra. Como comentaba al principio de esta exposición, los directores somos creadores de mundos, contadores de historias, y cualquier lugar que nos plantee la posibilidad de crear siquiera un pedacito de mundo, es un ámbito que nos está esperando, que está esperando que vayamos a jugar.

Valle-Inclán en Lavapiés

Crónica de una lectura de Luces de bohemia, a cielo abierto, para celebrar el 150 Aniversario del nacimiento y el 80 Aniversario de la muerte de Ramón del Valle-Inclán.

Publicado en papel en el nº 165 de la Revista ADE

Este viaje comenzó en Malasaña.

En Malasaña, en la calle Santa Lucía, está el local de la compañía Primas de Riesgo -que dirige Karina Garantivá- . El año pasado, invitada por la directora, me embarqué en un laboratorio de investigación dirigido a actores profesionales dedicado a explorar los ‘esperpentos’ de Valle-Inclán y su traducción escénica en el presente haciendo hincapié en la intención del autor, la estética y la ideología y el trabajo de la palabra no como un obstáculo, sino como arma. No pretendíamos llegar a un resultado específico que concluyese en el montaje de un texto concreto; al contrario: nos interesaba abrir posibilidades interpretativas y escénicas que nos alejasen de la imagen prefabricada del teatro de Valle como ‘difícil’ y nos acercasen más a la idea, más atractiva, de un teatro ‘directo’. (El término ‘directo’ no excluye la rica complejidad intrínseca en el teatro de Valle; ni tampoco la ambición artística e intelectual del mismo: nos servía para situarnos -tanto al elenco como a mí- en una posición clara frente al espectador y alejarnos de un posible ensimismamiento de ‘trabajo en laboratorio’. Laboratorio e investigación, sí, para encontrar elementos expresivos útiles que favorecieran la comunicación entre la palabra y la intención de Valle y el espectador de hoy. Pero no para regodearnos en códigos preestablecidos o autocomplacientes.)

El laboratorio se desarrolló a lo largo de los meses de marzo, abril y mayo del año pasado. Podríamos haber continuado varios meses más -o años- porque la riqueza teatral de los esperpentos valle-inclanescos y la entrega y el compromiso de las actrices y actores convertían cada sesión en una emocionante y gozosa experiencia que, lejos de agotarse, amplificaba día a día las posibilidades escénicas de las escenas y textos. No quiero detenerme mucho en el proceso -algunas de las cuestiones que investigamos aún reposan ‘en cuarentena’ como posibles embriones de futuras propuestas- pero sí señalar a grandes rasgos que fundamentamos el trabajo partiendo del contexto en el que se escribieron los textos para abordarlo con absoluta libertad y sin miedo al error; diría más: en muchos casos, buscando el error. (Desde mi punto de vista, vivimos en una realidad tan subvertida que también están subvertidos en la práctica artística los conceptos de ‘bien’ y de ‘mal’. A veces hay que ‘hacerlo todo mal’ en un ensayo para liberarse del miedo a equivocarse y empezar a crear desde un lugar menos canónico, más honesto.) Abordamos el trabajo, como decía, con absoluta libertad, lo que nos permitió jugar también con el cambio de roles de muchos personajes -masculinos que transformamos en femeninos y viceversa- y que nos deparó algunos de los hallazgos teatrales más elocuentes con los que me he encontrado y que nunca habría imaginado tan poderosos, como la interpretación de Silvia Espigado en el personaje de Max Estrella (Máxima Estrella, en nuestra lectura) o los cambios de roles que realizaron Esther Acevedo, Daniel Moreno y Didier Otaola como Pachequín, Loreto y Friolera, alternando los personajes hombre/mujer y mostrándonos las escenas en todas sus posibilidades. Cito los ‘cambios de rol’ porque sé que es un tema espinoso -que genera debates encendidos, demoledores e incomprensibles artículos de opinión, etc- pero de necesaria actualidad tanto por la realidad de nuestro sector -mayoritariamente femenino- como por la realidad de la mujer de hoy, cansada de jugar -en la representación- a roles limitados y que, curiosamente, no representan su realidad. Llama la atención el que ni siquiera el teatro contemporáneo de nueva escritura esté ampliando el espectro de los personajes femeninos, o, mejor dicho, los conflictos de los personajes femeninos. ¿Dónde están las mujeres militares, por ejemplo, o las ‘polis’ resolviendo un conflicto laboral? ¿Y las intelectuales? ¿Y las artistas que no pueden pagar las facturas? ¿Dónde está una Cristina Cifuentes decidiendo o no si la policía, esa tarde, ‘carga’ o no ‘carga’? ¿Dónde está, por ejemplo, una directora de compañía conversando con una Concejala de Cultura -al estilo de Campese y De Caro en ‘El arte de la comedia’- sobre la supervivencia, la política cultural o el sentido del arte escénico? No están. En la vida, sí. En la representación, no.

(Voy un poco más allá: Si aparecen, aparece también cierta tendencia a subrayar su condición femenina, mediante un comentario, un conflicto paralelo ‘de mujer’ -el amor, los hijos, el feminismo- que lejos de amplificar su presencia, la empequeñece.)

Entiendo muy bien a las actrices cuando comentan que se encuentran frente a un techo artístico; cuando comentan que se ‘aburren’ al tener que enfrentarse siempre a personajes de recorrido similar. Yo como directora también me aburro y como espectadora me aburro mucho más. Nuestro trabajo tiene que ver -o eso creo- con la recreación de realidades que, de alguna manera -o de muchas- identifiquen o hagan a la sociedad, en sus muchos estratos, sentirse representada, así que ante las preguntas, obligadas, de ‘¿Pero por qué una mujer haciendo de Max Estrella?’ ‘¿Y otra de Ministra?’ sería muy enojoso no responder ‘Porque no hay nada en esos personajes que no pueda interpretar o identificar a una mujer’. Y tampoco voy a detenerme mucho más. Nosotros lo hicimos así, sin ningún subrayado de más, y muchas de las escenas de ‘Luces…’ se nos revelaron absolutamente nuevas, ferozmente contemporáneas y conectadas a tope con el presente.

En el Laboratorio no sólo trabajamos ‘Luces’, sino también las tres piezas de ‘Martes de carnaval’ y, como ya he señalado no es un trabajo que considere cerrado. A los nombres de los actores ya citados -Silvia Espigado, Daniel Moreno, Esther Acevedo, Didier Otaola- tengo que sumar los de Sara Sánchez, María Lorés, Nerea Gorriti, Patricia Jorge, Pablo Gallego Boutou, Karina Garantivá y Aitor Pazos como ayudante. Formaron un fabuloso y apasionado elenco capaz de prepararse dos, tres o cuatro escenas a la semana y otros tantos personajes y capaz también de tomar conciencia de que ninguna institución iba a celebrar el aniversario de Valle-Inclán y eso estaba mal. Muy mal.

Decidimos entonces hacer un homenaje nosotros y como no podíamos hacer ningún montaje -por razones económicas obvias- decidimos leer.

Qué mejor homenaje en Madrid que hacer una lectura de ‘Luces de Bohemia’.

Decidimos hacerla el día del aniversario de su nacimiento, el 28 de octubre (finalmente fue el 1 de noviembre) y abrimos un nuevo laboratorio, para ensayarla, en octubre. Algunos -pocos- de los actores no pudieron -por cuestiones laborales- participar, pero se incorporaron para completar el elenco Beatriz Dávila, Nuria Onetti, Rennier Piñero, Neus Cortés, Catalina y Mónica Alonso-Lamberti, que respondieron también con entrega y compromiso y se adaptaron rápidamente -no contábamos con mucho tiempo- a la naturaleza y características de la propuesta.

Sería una lectura ‘libre’ , con algunas escenas semi-montadas y aprendidas La cuestión era dónde hacerla, porque el local de Malasaña no podía acoger a demasiado público.

El proyecto del que les hablo, y el Laboratorio donde se integra, se sustenta económicamente con la aportación que hacen los participantes. Es decir, este proyecto no tiene ninguna ayuda pública ni cuenta con ningún ‘patrocinio’ privado. Me parece importante señalarlo porque existen numerosas confusiones con la vida real de los creadores, directores y actores de Madrid. La mayor parte de las iniciativas que hacemos parten de nosotros, de nuestro tiempo y dinero, y muchas no pueden llegar a más no porque no seamos ‘excelentes emprendedores’, sino simplemente porque no somos millonarios. La realidad, en ese sentido, es implacable y sujetar estructuras de producción, una empresa carísima. Yo les hablo de un proyecto donde nadie cobra, sino que aporta. Les hablo de un homenaje a Valle-Inclán, una lectura dramatizada, hecha por profesionales -algunos con trayectorias artísticas consolidadas- que sabían que no iban a cobrar por los ensayos, ni por exponerse ante un público, sino que lo iban a hacer gratuitamente en homenaje a Valle y por Valle, ese autor que, en su doble aniversario, no mereció ni un mínimo gesto por parte de ninguna de las instituciones públicas del país ni de la ciudad de Madrid.

En estas circunstancias no nos apetecía solicitar ningún espacio público porque aunque nos lo cedieran ‘generosamente’ no serían tan generosos como para asumir el coste de la lectura. Tendrían una actividad gratuita, que se apuntarían como tanto. ¿Cuántos cargos de la administración, cuántos bedeles, cuántos directores, programadores, políticos, etc, etc, trabajan gratis en una institución pública? Ninguno, ¿no? ¿Por qué tendrían que hacerlo unas actrices, unos actores, una directora?

Ya que nuestro trabajo iba a ser un ‘regalo’ para la ciudad y para Valle-Inclán optamos por integrarnos en un espacio social más acorde con nuestra idiosincrasia -y con la de ‘Luces de Bohemia’ – y la Casa Roja de Lavapiés, un estupendo y cuidadísimo centro social okupado, situado en la calle Encomienda, muy cerca de la Plaza de Tirso, no sólo nos abrió las puertas sino que puso a sus activistas a trabajar: nos diseñaron un cartel, nos hicieron promoción en sus redes… nos agradecieron tanto la iniciativa que sería injusto por mi parte no agradecerles yo también, desde estas líneas, el compromiso por tender puentes -muy especialmente, a Juan Pablo Girón, Juampa, al que siempre me encuentro allí donde se estén impulsando proyectos que tratan de crear cultura popular: Sois grandes; eres grande, colega.-

Me gustaba mucho Casa Roja de Lavapiés porque había sido el antiguo Teatro Nuevo, luego el de la Encomienda, más tarde el cine Odeón y finalmente un plató de televisión y contaba con un espacio magnífico -clásico y urbano- que nos posibilitaba hacer una lectura ‘ambulante’ entre los espectadores, pero el local fue desalojado de manera inminente por la policía el sábado 29 y nuestro acto estaba previsto para el martes 1. Al disgusto del desalojo unimos el disgusto de perder otro espacio cultural en el centro de nuestra ciudad: un teatro de 1900, uno de los primeros cines de Madrid, que ya hoy anuncia su próxima apertura como hotel. Otro de tantos.

Fue casi un milagro conseguir en tan poco tiempo otro lugar, en el centro de Madrid pero la suerte -y los activistas- se pusieron de nuestra parte y una madrina nos abrió la puerta de ¡Ésta es una plaza!

¡Ésta es una plaza! es un proyecto de autogestión vecinal del solar urbano de la calle Doctor Fourquet, nº 24. Actualmente cuentan con una cesión temporal del Ayuntamiento que les permite okuparlo. Es un espacio al aire libre que funciona como huerto urbano, lugar de encuentro y talleres y espacio infantil. Tiene un precioso anfiteatro con gradas construidas a base de palés de madera y el entorno no puede ser más sugerente: los árboles, el huerto, un camino de piedras enmarcado por los edificios altos y las paredes grafiteadas de Madrid.

Tuvimos, como digo, mucha suerte porque no era fácil, de un día para otro, encontrar un lugar.

Normalmente las actividades que se realizan en centros sociales okupados y/o autogestionados se votan en asamblea, lo cual lleva un tiempo; suelen tener, además, las agendas llenas porque en Madrid no hay sitio para nadie y una ‘casa okupa’ está tan solicitada o más que un espacio institucional a pesar del riesgo que puede suponer un desalojo repentino. En algunos necesitas de una madrina, es decir, de alguien de la organización que te acompañe y se haga cargo de abrir y cerrar la puerta y estar contigo durante la actividad. Son espacios estructurados, con reglas de seguridad y funcionamiento, como es lógico. Son espacios gratuitos en una ciudad donde el espacio se paga o se paga y, aunque dependen mucho de los colectivos que los integren, suelen ser sensibles a las demandas y propuestas culturales o sociales que les llegan de fuera. En nuestro caso y, para sorpresa de muchos, la palabra mágica que nos abrió la puerta de ambos fue ‘Valle-Inclán’ porque a diferencia de los colectivos culturales más institucionalizados -que lo ven como a un señor un poco antiguo y difícil- los colectivos populares saben que las frases de Valle son, ochenta años después de su muerte, trending topics en twitter. España y sus paradojas.

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La lectura-homenaje fue el día 1 de noviembre, el día de Todos los Muertos.

Los elementos escénicos, sencillos: Los libros de Austral, para leer. Libros viejos, de novelas baratas, para tirar y significar la librería de Zaratustra. Una mesa, para la taberna; sillas, bancos y palés, para jugar con diferentes alturas. En el suelo, las hojas de los árboles que habían caído naturalmente y que no se nos ocurrió tocar. El vestuario, contemporáneo, de los actores.

Las acotaciones, leídas casi en su totalidad, ad libitum, por todos, en coros improvisados de una, dos, tres, cuatro o más voces -como habíamos ensayado-.

Sin música. Sin elementos sonoros añadidos a la voz natural

Algunos personajes, leídos a dos voces: Max, en la primera escena -por ejemplo- interpretado por Silvia Espigado y Rennier Piñero o el preso anarquista, en las voces de Patricia Jorge y Sara Sánchez.

Algunas escenas semi-montadas: La escena de la taberna, con todo el elenco; la escena de don Filiberto, interpretado por Nuria Onetti; Max y el Ministro, con Silvia Espigado, Beatriz Dávila y María Lorés. La muerte de Max, con Silvia Espigado y Esther Acevedo como Don Latino. El Rubén Darío de Rennier Piñeiro; ‘el’ Lunares, de Pablo Gallego…

En primer plano, el texto.

Al fondo, el contexto: el personaje colectivo, la revuelta social.

Hicimos un ensayo general a las 15:30 de la tarde -a pleno sol- y la lectura ‘oficial’ a las 19:30 -a plena luna -.

Fueron, en realidad y casualmente, dos lecturas y dos homenajes (uno de día, otro de noche) porque el ensayo se nos llenó de un improvisado y jovencísimo público que, poco a poco y a medida que avanzaba la función, fue llenando la grada de piercings, pelos de colores, botas, zapatillas, cazadoras y cervezas. Chicos y chicas de barrio -esos que te encantaría tener en un teatro, pero que nunca están- que acallaban sus conversaciones y celebraban con carcajadas o significativos silencios cada episodio, cada paso del viaje delirante de Max.

Más que un ensayo, eso fue una fiesta.

Los actores se vinieron arriba. Yo me vine tan arriba que recuperé alguno de los fragmentos que había suprimido para aligerar un poco la lectura. ¿Cómo iba a cortar una frase si se lo estaban pasando en grande? ¿Quién era yo para intervenir en esa conversación tan rica, tan emocionante, que estaba teniendo lugar entre Valle, los actores y esas chicas y chicos entregados y plenamente identificados con ese Madrid que es suyo más que de nadie? Las manifestaciones, los disparos, las putas, las detenciones, la necesidad, la búsqueda de la suerte, los bares, el conflicto social, el arte como burbuja o el arte comprometido con la realidad, el alcohol, el no tener ni un duro…La ironía. El esperpento. Eso es Madrid hoy, y cualquiera que esté cerca de la calle, lo sabe.

Tras el ensayo había que preparar el espacio para la lectura posterior. Esther Acevedo había llevado tres focos del local de Malasaña que teníamos que colgar, no para realizar ningún diseño de iluminación sino, simplemente, para que se viera y se pudiera leer. Estábamos en un espacio al aire libre, sin dotación específica, sin nada de luz, para ser más exactos y no habíamos contado con que ¡Ésta es una plaza! sólo funciona con energía solar y los focos que teníamos eran demasiado potentes para su sistema: era inviable usarlos.

Nos hicimos a la idea de que el público iba a asistir a un espectáculo a oscuras; pero era una lectura, los actores no se sabían el texto y sin luz no podrían leer.

Afortunadamente, Lavapiés es un barrio donde los chinos abundan y aunque el público ya estaba llegando cuando salimos disparadas a comprar linternas, apenas nos retrasamos unos minutos de la hora prevista para empezar.

Una lectura de ‘Luces de Bohemia’ al aire libre, en Lavapiés, en un solar urbano, completamente a oscuras. Con la única luz de unas diez o doce linternas pequeñas de mano y unas cuatro o cinco de ambiente. El día 1 de noviembre, el día de los muertos. En homenaje a Valle-Inclán. Con una grada a reventar, con público de pie. Con algunos chavales que se habían incorporado tarde al ensayo anterior y que se habían quedado para poder verla entera. Con la neblina de noviembre. Con actores como figuras espectrales.

En primer plano, la palabra: el texto.

En las sombras, el contexto: el personaje colectivo, la revuelta social.

La realidad es implacable y desconcertante. Un día te coloca enfrente de la policía y otro te regala instantes de magia y belleza feroz.

La lectura duró una hora y veinte minutos y, en contra de lo que yo pensaba que podría pasar, de allí no se movió nadie. Ni siquiera cuando terminamos: tardamos casi una hora en sacar a todo el público del solar. Muchos conocían la obra, para otros muchos era la primera vez. Todos querían hablar. Todos, tocar y abrazar al elenco. Alguien había llevado botellas de vino y se brindó por Valle-Inclán.

Fue un acierto sacar el teatro de Valle de un teatro convencional.

Fue un acierto sacarlo al aire libre, a la calle, con la ciudad de fondo.

Fue un acierto que pasara un helicóptero sobre nuestras cabezas durante la última escena de la obra.

Fue un bonito homenaje.

Un encuentro emocionante entre el texto, Madrid, público y actores. Así debería ser el teatro siempre. Así debería verse. No como algo ‘difícil’ sino como una suma de voluntades.

La que necesitamos ya, con urgencia, con mucha, es la voluntad política.

Aitana Galán

Madrid, marzo de 2017

Casa Roja de Lavapiés ya no existe, pero sí el espíritu de ‘Una casa roja en cada barrio’
Esta es la web de ¡Ésta es una plaza!, donde hay fotos del teatro y el espacio y bastante información sobre las actividades que realizan: http://estaesunaplaza.blogspot.com.es/
Primas de Riesgo continúa desarrollando sus trabajos de investigación y laboratorios y estoy segura de que me seguiré encontrando con ellas: http://www.primasderiesgo.com/
La Radical colaboró también en la organización y planificación de la lectura. http://laradicalteatro.wixsite.com/laradicalteatro